Dorothea escribía sin comas, sin puntos, yo no entendía un pomo. Claro, soy ferretero. Quizás vos entendés.
–Yo ni siquiera entiendo las ferreterías- confesé–. Mucho menos los textos sin puntuación.
–Dorothea decía que escribía en libertad: sin correctores, sin editores, sin reglas.
–Sin lectores– acoté.
Marcelo Birmajer - El novio