lunes, 31 de agosto de 2015

Dorothea escribía sin comas, sin puntos, yo no entendía un pomo. Claro, soy ferretero. Quizás vos entendés.

–Yo ni siquiera entiendo las ferreterías- confesé–. Mucho menos los textos sin puntuación.

–Dorothea decía que escribía en libertad: sin correctores, sin editores, sin reglas.

–Sin lectores– acoté.

Marcelo Birmajer - El novio