lunes, 28 de marzo de 2016

-Pues bien, si no llega será que se ha retrasado, eso es todo. Se puede haber caído del caballo, el caballo puede haber corcoveado arriba de un puente, puede haber corrido tan rápido que se pescó una pleuresía. ¡Vamos, señores!, tengamos en cuenta los imponderables. la vida es un rosario de pequeñas miserias cuyas cuentas va pasando el filósofo mientras se ríe.

Alexandre Dumas - Los tres mosqueteros
La vida está llena de humillaciones y de dolores -continuó Aramis, ensombreciéndose-; todos los hilos que la atan a la felicidad se rompen uno a uno en manos del hombre, sobre todo los hilos de oro.

Alexandre Dumas - Los tres mosqueteros
Me gusta este puente -dijo-. No pasan coches. Sólo parejas de enamorados, viejecitas con sombrero, gente ociosa. Es un puente con absoluta ausencia de sentido práctico.

Arturo Pérez-Reverte - El club Dumas
Nos echamos a reír los dos. Corso tenía una risa peculiar, casi entre dientes: la de quien no está seguro de que su interlocutor y él rían de lo mismo.

Arturo Pérez-Reverte - El club Dumas
El sacrílego sólo se justifica en la fe... El creyente es el único capaz de cometerlo y sentir, al tiempo que incurre en él, la dimensión terrible de su acto. Jamás experimentaríamos horror profanando una religión que nos causara indiferencia; sería blasfemar sin un dios dándose por aludido. Absurdo.

Arturo Pérez-Reverte - El club Dumas
Lloramos porque habíamos perdido algo y alcanzado otra cosa. Y porque hacía daño el perder tanto como el ganar y todavía no podíamos poner en palabras lo que habíamos ganado.

Janne Teller - Nada

lunes, 31 de agosto de 2015

Dorothea escribía sin comas, sin puntos, yo no entendía un pomo. Claro, soy ferretero. Quizás vos entendés.

–Yo ni siquiera entiendo las ferreterías- confesé–. Mucho menos los textos sin puntuación.

–Dorothea decía que escribía en libertad: sin correctores, sin editores, sin reglas.

–Sin lectores– acoté.

Marcelo Birmajer - El novio

lunes, 20 de enero de 2014

Donaldo, mientras hurgaba en los rincones atestados en busca del bastón con que se proponía tentar a su cliente y amigo, sonrió satisfecho al comprobar una vez más que su mujer era maestra en el arte de transformar las relaciones comerciales en reuniones mundanas íntimas. Andrés, entretanto, se preguntaba cómo un hombre con tan buen ojo como Donaldo para descubrir objetos auténticos y hermosos era capaz de no percibir la grosera falsificación de su mujer.

José Donoso - Coronación
Su atención descontrolada se apretó en torno al monólogo que venía desde abajo, haciendo vibrar imperceptiblemente todos los objetos de la habitación. El rumor creció y Andrés, bastante molesto, trató de descifrar lo que su abuela decía. Pero al filtrarse por el viejo entablado del caserón, las palabras perdían su significado, la madera las despojaba de su contenido, dejándolas convertidas en espectros de palabras, sólo en ruido, en ese runruneo exasperante.

José Donoso - Coronación

lunes, 8 de octubre de 2012

Le explicaba ahora Manuel a su mujer que el adulterio estaba castigado en algunas culturas con la muerte. «¿Y sabes por qué?», añadía, «en parte porque los individuos encargan al Estado la defensa de aquello que son incapaces de defender por sí mismos, pero en parte porque existe la sospecha (te diré que bien fundamentada) de que el adulterio abre puertas por las que se alcanzan lugares turbulentos, desde los que se organiza la subversión contra lo establecido».

Juan José Millás - Laura y Julio

lunes, 1 de octubre de 2012

Menos le gustó aún lo que les esperaba a la entrada del pueblo, donde les dejó el guía mientras iba en busca de instrucciones. La suciedad, lo primero; las pilas de basura, el polvo, los perros, las moscas. Su rostro se crispó en una mueca de disgusto. Llevóse el pañuelo a la nariz. -Pero, ¿cómo pueden vivir así? - estalló con voz de indignada incredulidad. - No es posible. Bernard se encogió de hombros filosóficamente.

Aldous Huxley - Un mundo feliz

lunes, 24 de septiembre de 2012

Tamara, Rusia, el bosque silvestre transformándose gradualmente en diversos jardines, mis abedules y abetos del norte, la imagen de mi madre poniéndose a gatas sobre el suelo para besar la tierra cada vez que regresábamos al campo para pasar el verano, et la montagne et le grand chêne: cosas todas ellas que un día el destino empaquetó de mala manera y arrojó luego al mar, separándome completamente de mi infancia. Me pregunto, no obstante, si se puede decir gran cosa a favor de otros destinos más anestésicos; a favor de, por ejemplo, esa tersa, segura y pueblerina continuidad temporal, con su primitiva ausencia de perspectiva, que, a los cincuenta años, te permite seguir residiendo en la casa de chillas donde pasaste la infancia [...].

Vladimir Nobokov - Tamara

lunes, 10 de septiembre de 2012

Julio sacó las llaves del bolsillo, se las entregó y ella regresó al dormitorio mientras él se dirigía al vestíbulo, donde, tras recoger el casco, abrió la puerta, salió, y volvió a cerrarla tras de sí con la impresión del que cierra un libro que no ha entendido bien.

Juan José Millás - Laura y Julio

lunes, 3 de septiembre de 2012

Dieron la vuelta a la habitación, circular procesión de danzantes, cada uno con las manos en las caderas del danzante que le precedía; dieron vueltas y vueltas, gritando al unísono y golpeando con los pies al ritmo de la música, llevando el compás golpeando reciamente con sus manos en las nalgas que estaban delante de ellos: doce pares de manos golpeando como una sola; doce pares de nalgas resonando macizamente.

Aldous Huxley - Un mundo feliz

jueves, 30 de agosto de 2012

Si tú abandonas una sombra sobre una cama, no se puede levantar por sí misma, no tiene fuerzas suficientes.

Juan José Millás - Laura y Julio

lunes, 27 de agosto de 2012

Drowse, un pueblecito del norte de Inglaterra, tenía realmente un aspecto tan letárgico que le entraba a uno la sospecha de que se había extraviado entre aquellos campos brumosos de suaves colinas y se había quedado dormido.

Vladimir Nabokov - El Elfo Patata

martes, 21 de agosto de 2012

Conocía bien ese tipo de tormento, pero había creído hasta entonces que solamente yo lo sufría; la imposibilidad de elegir entre dos opciones triviales y absolutamente indiferentes, la horrible vacilación de la inteligencia que oscila de una a la otra y nada puede discernir, que argumenta en el vacío sin encontrar una razón decisiva mientras el sentido común se burla y la azuza: da lo mismo, da lo mismo.

Guillermo Martínez - Acerca de Roderer

miércoles, 15 de agosto de 2012

Madre, ésta es mi mujer, se llama Blimunda de Jesús. Debería bastar esto, decir de alguien cómo se llama y esperar el resto de la vida para saber quién es, si alguna vez llegamos a saberlo, pues ser no es haber sido, haber sido no es será, pero otra es la costumbre, quiénes fueron sus padres, dónde nació, qué edad tiene, y con esto se cree que uno sabe ya más y a veces todo.

José Saramago - Memorial del convento

lunes, 26 de diciembre de 2011

No podían adivinar que esas mismas perlas pertenecerían después a María Estuardo y que Elizabeth de Inglaterra se las robaría a su desgraciada rival cuando le troncharon la cabeza. Esos detalles, de haberlos conocido ellos, hubieran realzado algo la charla insulsa, pero la cronología limita las conversaciones.

Manuel Mujica Láinez - Bomarzo

sábado, 26 de noviembre de 2011

Venecia se delineó frente a mí, líquida, aérea, transparente, como si no fuera una realidad sino un pensamiento extraño y bello; [...]

Manuel Mujica Láinez - Bomarzo