lunes, 20 de enero de 2014

Donaldo, mientras hurgaba en los rincones atestados en busca del bastón con que se proponía tentar a su cliente y amigo, sonrió satisfecho al comprobar una vez más que su mujer era maestra en el arte de transformar las relaciones comerciales en reuniones mundanas íntimas. Andrés, entretanto, se preguntaba cómo un hombre con tan buen ojo como Donaldo para descubrir objetos auténticos y hermosos era capaz de no percibir la grosera falsificación de su mujer.

José Donoso - Coronación
Su atención descontrolada se apretó en torno al monólogo que venía desde abajo, haciendo vibrar imperceptiblemente todos los objetos de la habitación. El rumor creció y Andrés, bastante molesto, trató de descifrar lo que su abuela decía. Pero al filtrarse por el viejo entablado del caserón, las palabras perdían su significado, la madera las despojaba de su contenido, dejándolas convertidas en espectros de palabras, sólo en ruido, en ese runruneo exasperante.

José Donoso - Coronación