domingo, 28 de febrero de 2010

Mire: Dios come a escondidas y el Diablo sale por todos lados lamiendo el plato.

João Guimarães Rosa - Gran sertón: veredas

viernes, 26 de febrero de 2010

Los telegramas llegaron a ser nuestro único recurso. Seres ligados por la inteligencia, por el corazón o por la carne fueron reducidos a buscar los signos de esta antigua comunión en las mayúsculas de un despacho de diez palabras.

Albert Camus - La peste

miércoles, 24 de febrero de 2010

¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes
Y ¿quién aumenta mis duelos?
Los celos
Y ¿quién prueba mi paciencia?
Ausencia

De ese modo, en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
Amor
y ¿quién mi gloria repuna?
Fortuna
Y ¿quién consiente en mi duelo?
El Cielo

De ese modo, yo recelo
morir de este mal extraño,
pues se aúnan, en mi daño,
Amor, Fortuna y el Cielo.

¿Quién mejorará mi suerte?
La muerte
Y el bien de Amor, ¿quién le alcanza?
Mudanza
Y sus males, ¿quién los cura?
Locura

De ese modo, no es cordura
querer curar la pasión
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

Miguel de Cervantes Saavedra - Don Quijote de la Mancha

lunes, 22 de febrero de 2010

Las personas equilibradas son así, acostumbran a simplificarlo todo, y después, pero siempre demasiado tarde, las vemos asombrándose de la copiosa diversidad de la vida.

José Saramago - El hombre duplicado

domingo, 21 de febrero de 2010

¿Quién sabe si la criatura humana es tan mala, tan, que Dios sólo puede a veces maniobrar con los hombres mandando por intermedio del demonio?

João Guimarães Rosa - Gran sertón: veredas
Pero yo tenía predisposición a quedarme demasiado tiempo en cualquier inercia y esa mañana me costaba mucho levantarme. La mañana era luminosa y límpida. Yo me había despertado muy cerca de ella porque mi habitación era un largo altillo que quedaba muy próximo a una claraboya y ésta daba directamente al cielo y a la mañana. Al despertarme había pensado en el Carnaval(*) y había sentido el día; era de esos que hacen decir a alguno de la familia, que el día es lindo, que sería lindo ir a tal o cual lugar; y las voces se sentían con una sonoridad especial y uno se quedaba escuchando las voces. Después, el ánimo está como para levantarse despacio y se compensa la tarea de levantarse encendiendo un cigarrillo. La luz fuerte hace arrugar la cara para defender los ojos. Al arrugarse la cara se estira la boca como si se sonriera. De ahí a la sonrisa no hay nada. Y como la mañana está linda y se dice alguna broma y es el día, la hora y la oportunidad de reconciliarse con alguna cosa, entonces uno se queda con la sonrisa. Solamente se suspende cuando los labios se amontonan alrededor de la bombilla del mate amargo. Y así es como se hace tarde y tengo que salir apurado a buscar a Colling sin haber metido las manos en el Carnaval.

Felisberto Hernández - Por los tiempos de Clemente Colling

(*) Se refiere a la obra Carnaval, de Schumann.

viernes, 19 de febrero de 2010

[...] mientras que yo, un profesor de clase media, dieciséis años menor que ella, era marxista de vieja data y militancia de hueso colorado y por tanto desdeñaba la locura chic en sus versiones tipo ¡Ay, qué locura!, No seamos locos o Hicimos la cosa más loca.

Laura Restrepo - Delirio
Desde siempre había sentido yo veneración por el mundo vegetal y en muchos años dedicados a viajar fui rastreando sus maravillas. Me era bien familiar ese instante en que el corazón se para cuando vislumbramos cómo van desplegándose los secretos que en sí encierra cada semilla.

Ernst Jünger - Sobre los acantilados de mármol