lunes, 24 de septiembre de 2012

Tamara, Rusia, el bosque silvestre transformándose gradualmente en diversos jardines, mis abedules y abetos del norte, la imagen de mi madre poniéndose a gatas sobre el suelo para besar la tierra cada vez que regresábamos al campo para pasar el verano, et la montagne et le grand chêne: cosas todas ellas que un día el destino empaquetó de mala manera y arrojó luego al mar, separándome completamente de mi infancia. Me pregunto, no obstante, si se puede decir gran cosa a favor de otros destinos más anestésicos; a favor de, por ejemplo, esa tersa, segura y pueblerina continuidad temporal, con su primitiva ausencia de perspectiva, que, a los cincuenta años, te permite seguir residiendo en la casa de chillas donde pasaste la infancia [...].

Vladimir Nobokov - Tamara

lunes, 10 de septiembre de 2012

Julio sacó las llaves del bolsillo, se las entregó y ella regresó al dormitorio mientras él se dirigía al vestíbulo, donde, tras recoger el casco, abrió la puerta, salió, y volvió a cerrarla tras de sí con la impresión del que cierra un libro que no ha entendido bien.

Juan José Millás - Laura y Julio

lunes, 3 de septiembre de 2012

Dieron la vuelta a la habitación, circular procesión de danzantes, cada uno con las manos en las caderas del danzante que le precedía; dieron vueltas y vueltas, gritando al unísono y golpeando con los pies al ritmo de la música, llevando el compás golpeando reciamente con sus manos en las nalgas que estaban delante de ellos: doce pares de manos golpeando como una sola; doce pares de nalgas resonando macizamente.

Aldous Huxley - Un mundo feliz