Dieron la vuelta a la habitación, circular procesión de danzantes, cada uno con las manos en las caderas del danzante que le precedía; dieron vueltas y vueltas, gritando al unísono y golpeando con los pies al ritmo de la música, llevando el compás golpeando reciamente con sus manos en las nalgas que estaban delante de ellos: doce pares de manos golpeando como una sola; doce pares de nalgas resonando macizamente.
Aldous Huxley - Un mundo feliz
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