lunes, 24 de septiembre de 2012

Tamara, Rusia, el bosque silvestre transformándose gradualmente en diversos jardines, mis abedules y abetos del norte, la imagen de mi madre poniéndose a gatas sobre el suelo para besar la tierra cada vez que regresábamos al campo para pasar el verano, et la montagne et le grand chêne: cosas todas ellas que un día el destino empaquetó de mala manera y arrojó luego al mar, separándome completamente de mi infancia. Me pregunto, no obstante, si se puede decir gran cosa a favor de otros destinos más anestésicos; a favor de, por ejemplo, esa tersa, segura y pueblerina continuidad temporal, con su primitiva ausencia de perspectiva, que, a los cincuenta años, te permite seguir residiendo en la casa de chillas donde pasaste la infancia [...].

Vladimir Nobokov - Tamara

No hay comentarios: