lunes, 1 de octubre de 2012

Menos le gustó aún lo que les esperaba a la entrada del pueblo, donde les dejó el guía mientras iba en busca de instrucciones. La suciedad, lo primero; las pilas de basura, el polvo, los perros, las moscas. Su rostro se crispó en una mueca de disgusto. Llevóse el pañuelo a la nariz. -Pero, ¿cómo pueden vivir así? - estalló con voz de indignada incredulidad. - No es posible. Bernard se encogió de hombros filosóficamente.

Aldous Huxley - Un mundo feliz

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