Menos le gustó aún lo que les esperaba a la entrada del pueblo, donde les dejó el guía mientras iba en busca de instrucciones. La suciedad, lo primero; las pilas de basura, el polvo, los perros, las moscas. Su rostro se crispó en una mueca de disgusto. Llevóse el pañuelo a la nariz.
-Pero, ¿cómo pueden vivir así? - estalló con voz de indignada incredulidad. - No es posible.
Bernard se encogió de hombros filosóficamente.
Aldous Huxley - Un mundo feliz
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