lunes, 8 de octubre de 2012

Le explicaba ahora Manuel a su mujer que el adulterio estaba castigado en algunas culturas con la muerte. «¿Y sabes por qué?», añadía, «en parte porque los individuos encargan al Estado la defensa de aquello que son incapaces de defender por sí mismos, pero en parte porque existe la sospecha (te diré que bien fundamentada) de que el adulterio abre puertas por las que se alcanzan lugares turbulentos, desde los que se organiza la subversión contra lo establecido».

Juan José Millás - Laura y Julio

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